Una Iglesia en salida que abraza la dignidad humana.
En tiempos donde la violencia toca nuestras puertas, la movilidad humana y el desplazamiento golpean la dignidad de tantas personas y la estigmatización continúa dividiendo nuestras sociedades, la Diócesis de Palmira ha decidido no quedarse inmóvil. Su opción pastoral es clara: ser una Iglesia en salida, una Iglesia que no se repliega ante los desafíos del momento, sino que camina al encuentro de quienes más lo necesitan.
Este Jubileo de la Esperanza ha sido dedicado de manera especial a la Vicaría del Desarrollo Humano Integral, respondiendo al llamado del Papa Francisco de organizar la solidaridad y la acción social desde el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Pero más allá de la estructura eclesial, esta jornada ha enviado un mensaje contundente: el reconocimiento del esfuerzo y la buena voluntad de personas y organizaciones que, sin importar su filiación religiosa, trabajan incansablemente por el bien común. Como nos recuerda el Papa Francisco, "Nadie se salva solo, es solamente juntos que podemos enfrentar los desafíos de nuestro tiempo" (Fratelli Tutti, 32).
Este espíritu de encuentro se hizo evidente en la Catedral de Palmira, donde diversas delegaciones y representaciones de la sociedad se reunieron en un gesto de fraternidad. En este marco, se entregaron 31 reconocimientos a personas y organizaciones que han dedicado su labor a la construcción de un tejido social más justo y solidario. Entre los homenajeados, destacaron las madres buscadoras de sus seres desaparecidos, organizaciones juveniles, liderazgos ambientales, campesinos y étnicos, así como periodistas y empresarios comprometidos con el bienestar social. Un momento clave fue traer a la memoria a Monseñor Óscar Romero, el Santo de América, quien en su ministerio pastoral abrazó las periferias sociales y existenciales con un compromiso inquebrantable por la justicia social y la dignidad humana. Sus palabras siguen resonando con fuerza hoy: "La Iglesia debe ser una semilla que crezca en el corazón del pueblo y se convierta en signo de esperanza".
Este mensaje adquiere aún más relevancia en nuestro contexto actual. En Palmira y el Valle del Cauca, la violencia y la fragmentación social siguen cobrando vidas y generando miedo. Según datos recientes, la región enfrenta un recrudecimiento de la inseguridad y un aumento en los índices de desplazamiento forzado. Ante esta realidad, la Diócesis de Palmira no se repliega ni se limita a la denuncia, sino que actúa como un puente entre sectores diversos, promoviendo la reconciliación y el trabajo conjunto en favor del otro.
La Biblia nos recuerda en Mateo 25,40, "Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí". Este Jubileo ha sido un recordatorio de que la Iglesia debe ser un espacio de encuentro, un hogar donde la diversidad no sea motivo de exclusión sino de enriquecimiento. En esta casa común, todas las manos que trabajan por la justicia, la paz y la solidaridad son bienvenidas y reconocidas.
Más allá de las dificultades que enfrentamos, este gesto de la Diócesis de Palmira envía un mensaje poderoso al departamento y al país: la Iglesia sale al encuentro con sus hermanos y la periferia, comprometida con la dignidad humana. No se trata solo de un acto simbólico, sino de una apuesta concreta por tejer lazos, construir puentes y sembrar esperanza en un territorio que tanto lo necesita.
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