Comunicado
“Sanen a los enfermos” (Mateo 10, 8)
Los obispos de Colombia manifestamos nuestra preocupación ante los signos de crisis
que está presentando el sistema de salud en nuestro país y, siguiendo la enseñanza del
Papa Francisco, que nos ha invitado a transformar los signos de los tiempos en signos
de esperanza, nos ponemos al servicio de la nación para facilitar la escucha, el
diálogo y la construcción colectiva de soluciones en beneficio de la salud de todos
los colombianos.
1. Vemos con preocupación las crecientes dificultades para garantizar el
derecho a la salud, sobre todo, el acceso oportuno a la atención médica, el
desabastecimiento de medicamentos, la demora en el diagnóstico e inicio de
tratamientos, la grave situación financiera que afecta el sector salud, el clima de
incertidumbre que ronda las entidades e instituciones dedicadas a la promoción o
prestación de este servicio y sus proveedores, así como al personal sanitario y a los
trabajadores a ellas vinculados. Estas son algunas de las problemáticas cuyo impacto
en la calidad de vida de la población no se pueden menospreciar.
2. Ante este escenario es preciso recordar que la salud es uno de los bienes
primarios del orden social y un derecho de todos. Corresponde en primer lugar a
las instituciones del Estado la continua atención, revisión e implementación de
políticas que garanticen este derecho. Todos los actores sociales han de evitar,
particularmente en este campo, la tentación de la corrupción, de la burocratización,
de querer politizar una realidad que está al servicio exclusivo del bien común, no de
intereses particulares, o de querer suprimir el esfuerzo conjunto entre los ámbitos
público y privado.
3. La Iglesia, en coherencia con la enseñanza de Jesús, siempre ha estado
comprometida en aliviar el sufrimiento y salvaguardar el bien integral de la persona
humana, sobre todo de los más pobres y vulnerables. Ella, depositaria de una larga
tradición de servicio en materia de salud, está convencida de la primacía del don de
la vida, la corresponsabilidad en la promoción y cuidado de la salud y el deber moral
de hablar e informar en la verdad sin deformarla ni manipularla.
Estamos
convencidos de que la vía para superar esta crisis es el diálogo, el discernimiento
sincero – que en el presente ha de incluir el concepto técnico – y la acción
coordinada entre todos los responsables de garantizar los derechos
fundamentales.
El camino de fraternidad solo puede ser recorrido por espíritus libres
y dispuestos a encuentros reales que permitan buscar juntos la verdad en el diálogo y
en la conversación reposada (cf. Papa Francisco, Fratelli Tutti, 50). Es lo que
anhelamos para el presente y el futuro del país.
Bogotá, D.C., 31 de marzo de 2025
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